Reflejos en un Espejo Chino

* Francisco J. Vargas


Columna #7: La Sombra De La Mala Suerte

Agobiada por su mala situación económica y política, la gente de escasos recursos se concentra en sus propios problemas y rara vez nota que también los poderosos caen frecuentemente en las garras de la mala suerte.

Esto, desde luego, no es de extrañar. De acuerdo a los principios de ocultismo chino, no hay nadie inmune a la mala suerte. Reyes y pordioseros, altos y chaparros, religiosos y ateos, toda la gente es igual de vulnerable y por eso todos temen a los desastres.

Y es que desde la pérdida de la billetera o el trabajo, hasta accidentes y desastres personales y climatológicos que acaban con vidas y bienes, la mala suerte se filtra silenciosa e invisiblemente en la vida de la gente, como maligna humedad. Una vez que la desgracia se materializa en la vida de alguien, puede quedarse estancada en su familia durante generaciones. La familia Kennedy en los Estados Unidos, los Onassis en Grecia, y los Grimaldi en Mónaco son ejemplos de este fenómeno.

De las familias prominentes recién ingresadas a la dimensión de la mala suerte generacional hay muchas en el mundo cinematográfico de los Estados Unidos, incluidos grandes estudios de Hollywood. De Inglaterra podemos incluir en este casillero a la familia real, los Windsor, cuyos miembros están hundidos en un enorme pantano de mala suerte y no se ve para cuándo salgan de allí.

En México se pueden incluir entre las familias que empezaron un ciclo de mala suerte, las de varios políticos prominentes, las de líderes sindicales y las de algunos banqueros encarcelados, secuestrados y hasta asesinados.

Estos ciclos negativos empiezan generalmente cuando los crímenes de los antepasados en las familias finalmente se revierten sobre sus descendientes. Pero en algunos casos los crímenes cometidos por la persona son tan horribles e imperdonables que aún en vida y en su misma generación son alcanzados por la mala suerte. Y es que "El Cielo Tiene Ojos y Oidos," y así como los dioses permiten la existencia de personas malévolas, también permiten su castigo, en ocasiones de forma fulminante. Por eso a la lista de salados nacionales se pueden agregar los nombres de ex-fiscales, y hasta militares de alto rango atrapados en la temible telaraña de la mala suerte en forma de muertes violentas, ruina y cárcel.

¿Pero qué es la "mala suerte?" La manera más fácil de describir su terrible naturaleza es imaginar la ingrata tarea de tratar de llenar con agua un barril sin fondo. Ésto es a todas luces una pérdida de tiempo total, pues aunque la persona estuviera a la orilla del mar y se tomara un milenio para intentarlo, no llenaría jamás el barril. Así pues, el síntoma que mejor define sus efectos al haber sido tocado por la mala suerte es que todo lo que la víctima intenta se le vuelve igual de difícil que llenar el barrilito.

Desgraciadamente para el ser humano, sacudirse la mala suerte es prácticamente imposible. La mayoría de la gente con este problema tiene que esperar a que el negativismo pierda fuerza. Claro que santeros, brujos y chamanes aseguran que pueden salvar en un santiamén a quienes sufran este mal espiritual, pero eso es francamente difícil. Para lograrlo se necesita dominar un método completo de ocultismo, no sólo decir oraciones y efectuar ritualitos.

En México, como en el resto de países occidentales, los brujos sólo tienen "limpias" incompletas e incompatibles entre sí, y amuletos francamente primitivos. Se da el caso de gente poderosa que carga en sus bolsillos cabezas de ajo y piedritas de colores contra la mala suerte, porque eso es todo lo que les dan por ahí. No es que no puedan comprar principios de ocultismo de alta calidad, es que simplemente no saben dónde comprarlos.

Así es como se dan casos de mexicanos visitando chamanes de otros países como Perú o España, mientras gente de otros países visitan brujos mexicanos. Pero son como el viajero que va veloz en dirección opuesta a donde realmente quiere ir: Mientras más lejos y rápido vayan, menos alcanzarán su objetivo. Ya se vio como le fue a Raúl Salinas, que acabó en la cárcel junto con su consejera espiritual.

Y no es que la metafísica sea inefectiva, sino que nada funciona bien sin un sistema. Si hasta para pintar una casa o hacer enchiladas se necesita un método, con más razón se necesita para influenciar las fuerzas ocultas del universo en favor o en contra de personas o situaciones.

Para protegerse uno realmente de la mala suerte, ya sea merecida o provocada por enemigos envidiosos, no hay otra solución: La persona tiene que saber principios de ocultismo. Sólo así se protegerá a si mismo, a su familia y a sus negocios. Es decir, no puede atenerse ni a chamanes ni a curas para que lo defiendan, pues cada individuo debe ser su mejor y más interesado protector.

Aquí es donde hay que saber para qué sirve el dinero.

No hay otro método ni religión con el poder y conocimiento metafísico del ocultismo chino. Y para que se asuste con la peligrosidad de la mala suerte, le daré un ejemplo simple: Digamos que la persona está destinada a entrar en prisión. Tarde o temprano será encarcelada así tenga que ser acusada falsamente. Y si no tiene conocimiento metafísico de primera clase, mejor que se prepare a acabar en las crueles manos de autoridades y chamanes.

¿No me creé?

Pues entonces déle una revisadita a la lista de personajes que han sido recientemente golpeados por la mala suerte. Algunos fueron enjaulados como si fueran criminales de la peor ralea, y otros hasta torturados y asesinados.

Tenemos en tal lista, a saber: Banqueros con millones suficientes para pagar los mejores abogados; militares de altísimo rango más acostumbrados a enchiquerar, maltratar y quién sabe que más a prójimos menos influyentes que a vestir uniforme de rayitas verticales; fiscales federales que por lógica debieran ser la parte acusadora y no la acusada; jueces juzgados; un expresidente apellidado Salinas que puso mar de por medio para evitar tentar a sus enemigos políticos (el hermano Raúl ni eso pudo hacer y acabó preso a pesar de sus abultadas cuentas bancarias en el país y en el extranjero); un cardenal (Posadas) que dizque fue "confundido" por gángsters que a tiro limpio lo dejaron, en el lenguaje de los chiquillos de escuela, "como coladera"; un ex-nuncio apostólico que se fue de la lengua y "pateó el pesebre" expresando dudas acerca de los milagros de la Guadalupa tras lo cual perdió su singular y lujosísimo tren de vida; un embajador extranjero que cometió el pecado diplomático menos apreciado en México al decir la verdad acerca de la situación política nacional; un joven candidato a la presidencia (Colosio) asesinado a mansalva en humilde colonia popular en Tijuana en plena campana electoral; un alto representante del partido oficial asesinado a sangre fría en plena calle y de pilón su hermano, miembro de la fiscalía que investigaba el caso, acabó arrestado en los USA por violación a leyes fiscales que su mismo partido había pedido a ese país aplicar años atrás; altos funcionarios del gobierno acusados por extranjeros de estar ligados al narcotráfico; ricachones secuestrados que son asesinados aún después de que sus familias pagaron los rescates…

Y no es que sus padres no hayan querido lo mejor para ellos y los maleducaran. Al contrario, les dieron la mejor educación posible: Abogacía, carrera militar, carrera religiosa, carrera política, etcétera.

Desgraciadamente para ellos fue precisamente la ventaja académica la que los llevó a subir alto para que luego su mala suerte los lanzara al precipicio del desprestigio profesional y la vergüenza pública. Y como dice el soso presentador criollo en la televisión, todavía hay más, pero ya ni nos molestamos en nombrarlos pues en la misma barranca que los antes mencionados están atorados los narcojuniors y los "extraditables": Todos buscando infructuosamente sacarse el nudo de horca metafísica que les han colocado autoridades nacionales y extranjeras.

Sí, podríamos llenar libros con los casos de gente importante azotada por la desgracia. Gente que nunca se molestó en prever que podrían algún día tropezar no con una montaña, sino con minúscula canica que los pondría de nalgas en el suelo.

Dicen en China que "Hasta los jueces pueden acabar en la cárcel," y es cierto. Hasta en las mejores familias los hijos cometen pecadillos, pero normalmente son casos no tan graves como los que mencionamos antes.

Lo que pasa es que, repito, son muy pocos los que pueden y saben cómo cambiar por mano propia el curso de su destino. Los que lo logran, claro está, no son gente común. Son superhombres.

Así pues, quién no sepa rituales se expone a vejaciones sin fin a manos de hombres y demonios. Crea o no en la metafísica.

NUESTRO FÚTBOL: Divaguemos ahora por el mundo del fútbol, que por cierto tiene mucho de estrategia china, aunque sus practicantes no lo sepan.

El fútbol no lo inventaron los ingleses -tampoco el polo-, pues es un juego militar chino muy antiguo. Originalmente los soldados chinos lo jugaban después de una batalla usando como pelota la cabeza del general derrotado. Después jugaban al fútbol con equipos de seis hombres y con una pelota hecha con viruta y crines de caballo. El marco era una piel de vaca sostenida verticalmente por varas de bambú y con un hoyo de regular tamaño en el centro, por donde entraba la pelota. Se valía pegarle a la pelota con cabeza, pies y manos y hay evidencia que hace dos mil años hubo juegos de este tipo de fútbol entre equipos japoneses y chinos.

Así, aunque las reglas modernas de fútbol son inglesas, hechas en la Universidad de Cambridge en el siglo pasado, en esencia sigue siendo un excelente juego de ajedrez con gente en lugar de piezas inertes, y con un campo de juego en lugar de un tablero.

Ya sé que el entrenador de la selección mexicana en el mundial de 1994 (Mejía Rarón) dijo que "el fútbol no es la guerra," pero por eso le fue a México como le fue en ese mundial. Nuestros jugadores terminaron haciendo un folclórico panchito, chillando tirados en el pasto (los malos ejemplos cunden: lloraban igualito que Vicente Fernández, pero sin micrófono ni sombrero) cuando les pasaron los búlgaros por encima como aplanadora. Especialmente el cansado porterito Campos muestra alarmante propensidad al desconsuelo en un juego que se distingue precisamente por formar personalidad fuerte en los muchachos. Mejía Rarón necesita que le revisen la cabeza, pues cualquier doctor en medicina deportiva le dirá que sólo las lesiones de jugadores producidas anualmente en cualquier equipo de fútbol bastan para considerar este juego como una guerra.

Y aunque México ya está clasificado para el mundial de Francia, para nosotros esta guerra, como de costumbre, está perdida de antemano. La derrota será inevitable pues el mismo sistema mexicano que produce políticos y autoridades que padece el país, produce también los entrenadores, jugadores y directivos que conforman nuestro fútbol: Criollos que un buen día el también criollo Hugo Sánchez llamó públicamente "directivos imbéciles y estúpidos." Se enojaron con Hugo, pero callaron y otorgaron, pues todo lo hacen con prepotencia o con lambisconería, pero raramente con talento.

Por eso los jugadores mexicanos, salvo alguna excepción como la del citado Sánchez, son medrosos y los espanta el triunfo. Fue la prensa inglesa, en aquélla (para nosotros) aciaga copa mundial jugada en Inglaterra en 1966, la que bautizó a nuestros pequeñuelos como "ratones verdes." El burlesco mote se debió primero a que en el juego contra Inglaterra los mexicanos estaban verdes de miedo, y luego porque estrenaban el horrible uniforme color bandera mexicana, de auténticos priístas. Mala suerte tuvo ese verdoso uniforme en su debut. Y aunque es feo por su diseño facilón y patriotero, menos mal que no llegaron al extremo, como algunos directivos querían, de bordarle la Virgen de Guadalupe como escudo. Lo que no me explico es por qué no lo cambiaron inmediatamente al ser llamados ratones verdes. ¿Sería un desliz freudiano y masoquista de los directivos, aceptando silenciosamente el nuevo apodo?

La cuestión es que desde entonces México sólo ha retrocedido en su juego, en lugar de avanzar como hacen las demás selecciones extranjeras. Porque se ha estancado, y una lancha que va contra corriente y se detiene a mitad del río, retrocede sin remedio.

Resignémonos pues a oír los lamentos sin fin de la comitiva nacional cuando regresen de Francia el próximo verano: "Fuimos a aprender, nos faltó adaptación," y lo que se les ocurra en cuestiones de árbitros y penales injustos. O quizá se pondrán ingeniosos nuestros amados ratoncillos y dirán, "perdimos el queso que llevábamos y no había en toda la Francia queso del que a nosotros nos gusta." Y ahí si nos ganarán: ¿Qué mexicano no comprendería tal catástrofe alimenticia?

Porque hay que decirlo: Un jugador mexicano en tierra extraña y sin su queso fresco, de cotija, o de "hacer hebra," es como Supermán frente a la kryptonita, como J.C. Chávez frente a Hacienda, o como estrellar un huevo contra una piedra. Ahí no hay defensa que valga.

Hay que hacer notar, sin embargo, que algunos jugadores ya se ponen valientes antes de partir, lo que quizás es progreso. Ver a un roedor mexicano con los dientes apretados no se da todos los días, aunque esto todavía no ocurre en un campo de juego como todos quisiéramos, sino en entrevistas periodísticas. Así fue que un seleccionado criollo con acento ibérico (Luis García) se alteró después que el público abucheara a la Selección, y dijo que "El público no sabe de fútbol, por eso las masas no comprenden las (de por sí incomprensibles) derrotas del Tri." ¡Maravilloso! Con un lenguaje admirablemente sencillo y breve, el jugador gachupín puso a todos en su lugar: Nosotros los aficionados somos burros y él, claro, es un genio. Bravo, mi niño. Si esa vehemencia la aplicara en sus partidos con la Selección tal vez podríamos aplaudirle algún peregrino golecillo en vez de sus mil acostumbradas aproximaciones y tan escasas dianas. Ganas de gritar "Goooooool" como las cotorras parlanchinas que narran fútbol en Telemundo y Univision no nos faltan. Así que, de verdad, los sufridos aficionados les agradeceríamos a todos los criollos seleccionados nacionales que ganen más juegos y nos regañen menos.

PRINCIPIO DE DINERO: "La pobreza engendra riqueza."

La necesidad de dejar atrás estrecheces económicas obligan a más de un joven a estudiar mucho a sabiendas que no se pueden comer los gajos sin antes quitar la cáscara de la naranja.

Estudiar no es fácil ni libre de sacrificios personales y familiares, pero es mucho mejor que tratar de hacerse rico de un día a otro en forma ilegal. Siempre habrá, mirándolo desde uno u otro ángulo, buenas excusas para que un joven tonto cometa crímenes, pero sólo causará que algún policía baboso se vista de héroe al atraparlo.

También es cierto que hay varios métodos para hacer dinero legal mucho más rápido que con el estudio, pero no traen consigo las buenas maneras y el buen gusto que paralelamente al dinero dá la buena educacion. ¿De qué sirve ser millonario si no se saben apreciar la cultura, la buena mesa y los buenos vinos?

El valor de la educación estriba también en que puede redituarle honores sin fin al estudiante. Por eso el joven listo estudia mientras está en la edad perfecta para aprender, dejando de lado fiestas, amigos y chicas. Todo ésto vendrá después en abundancia, cuando sea tiempo de cosechar el oro que producen los libros.

Hay una anécdota china en que la madre de un niño al cual le gusta jugar con avioncitos de papel lo motiva a dejar de lado los juegos, diciéndole que si estudia podrá después tener aviones reales y no de juguete.

La polarización taoísta aplica también al estudio: Mientras más altas sean las aspiraciones económicas y sociales del estudiante, más todavía tendrá que bajar al fondo de los libros.

EL "TERCER OJO" MILITAR: Si México es república, ¿cómo es que el presidente tiene siempre soldados atrás de él en ceremonias públicas? ¿Qué diablos hacen oficiales del Ejército (ni siquiera de las Fuerzas Armadas) custodiando a un presidente? ¿Es que el poder civil en México está supeditado al poder militar?

Sí. Cuando JoLoPo fue reyecito, se supo que el entonces secretario de la Defensa le disparó con su pistola en Los Pinos, durante una fuerte discusión personal, tiro que pegó en la silla presidencial tras la cuál se refugió el "jefe supremo" de las Fuerzas Armadas. Ja, ja. Considerando el terror que muestran en el rostro los presidentes frente a los generaletes mexicanos, no es para menos.

Y otra cosa: ¿Por qué andan los oficiales (y los malos cantantes de ranchero) armados con tamaño pistolon a la cintura? ¿Es esto Israel, o Africa? Ya es hora que los legisladores les quiten esa mala costumbre de machos mexicanos de películas populacheras.

¿O les tendrán miedo también los diputados a los militares? Yo creo que sí.


* Master, Estrategia Militar China

E-mail: visionpf@direct.ca


left arrow.gif - 83 Bytes  Col #6 up arrow.gif - 83 Bytes   Home up arrow.gif - 83 Bytes Columnas right arrow.gif - 83 BytesCol #8 

 

Copyright © 1998, Francisco J. Vargas